La programación para televisión es una disciplina que ha sido estudiada en profundidad para adecuar las parrillas a lo que es más conveniente emitir en cada momento. Desde que la televisión dio sus primeros pasos hasta la actualidad, ésta ha evolucionado en su forma de plantearse las parrillas de programación, pasando por un primer momento en el que no había preocupación por ello y llegando en los últimos años a un estudio concienciado por aprovechar al máximo sus ventajas.
Cuando la televisión fue inventada, la preocupación por los aspectos técnicos y por transmitir imágenes con una mediana calidad fue la principal premisa, como suele ocurrir con los inventos al principio de su andanza. Con el paso de los años y un poco más perfeccionada la técnica es cuando ya se comienzan a fijar algo más en qué emitir y cuándo hacerlo.
Aquí surge la necesidad de hablar de la paleotelevisión. En este modelo, existían solo dos canales que se repartían la programación. Esta, no duraba las 24 horas sino que existían un número de horas determinadas. Aquí la programación no era entendida como hoy en día, sino que rellenaban los huecos con información y series generalistas, dándole un poco más de atención a los niños en las horas a las que estos veían la tele. Siendo una televisión pública, contenía anuncios, parte más importante hoy en día de las parrillas de programación. A pesar de contener publicidad, esta no era introducida en las parrillas siguiendo un criterio de segmentación por perfiles, sino que era emitida de forma uniforme.[1]
Con la llegada de las televisiones privadas, surgió un nuevo modelo en lo relativo a la programación. Aunque la TV seguía siendo generalista, se fue especializando algo más según las horas del día y las nuevas necesidades de un público que contaba con varios canales que no eran públicos y que tenían tendencias diferentes. Estos canales contribuyeron de forma notable para cambiar el panorama televisivo, ya que con la llegada de las privadas la variedad se hizo notable, así como un mayor libertinaje al no existir sólo la televisión del Estado. La programación de la publicidad evolucionó entonces rápidamente. Se comienza a entender que a X hora es más probable que a otras, que una madre de familia esté viendo la televisión y pueda ver entonces un anuncio de un detergente, cosa que no vería por ejemplo a las 2 de la mañana. Así se empieza a discernir que a determinadas horas hay que emitir la publicidad de un tipo de cosas mientras que a otras horas otro tipo de productos. Además, se asocia la publicidad que se emite en el medio de un programa al tipo de target que ese programa tiene. Por ejemplo, si es un partido de futbol la publicidad irá dirigida al target masculino, anunciando cuchillas de afeitar, desodorantes para hombres, ropa deportiva, etc.
Con la llegada de la TDT esto ha evolucionado más aún. Ha llegado la era de la televisión más especializada y temática con canales que se dedican especialmente a algo. Con ello, la programación ha variado notablemente. Ahora esta suele estar dentro de una misma temática, dándole al público un entretenimiento continuo. A su vez, la publicidad también se ve con carácter temático, con excepciones como los primeros canales privados que salieron, que siguen intentando mantener un target más amplio. [2]
La publicidad hoy en día mueve tanto dinero que se podría decir que ésta es más importante que los programas en sí. Se pagan cifras millonarias para que un determinado anuncio se emita en un determinado momento, en un lugar donde la audiencia nos dé un pico elevadísimo. Todos los publicistas luchan por llegar a esa audiencia, de la cual saldrán muchos de sus compradores. Es lo que se denominaría una guerra por un espacio, el cual todos quieren pero pocos consiguen, sólo el que ofrezca más dinero. Esta lucha se convierte además en una lucha por parte de las cadenas, ya que si una cadena compra algo muy puntual como la emisión del Mundial o las carreras de F1, este canal sin duda ganará muchísimo más dinero en publicidad de lo que podría conseguir otro canal que no emita ningún tipo de evento.
Está demostrado además, que los espacios publicitarios que más se pagan en la televisión, son los relacionados con los eventos deportivos. Estos, mueven muchos millones ya que su audiencia también suele ser la más destacable en los estudios de audiencias.
Todo está programado de la manera más cuidadosa posible para que la publicidad sea vista por el mayor número de personas que están incluidas en ese target. Para conseguir esto hay estudios que inciden mucho en la investigación de audiencias y la investigación de parrillas de programación, ya que la publicidad es el sustento de la televisión y, sin ella, los canales agotarían sus recursos.[3]


[1] Fuentes: Clases y propias.
[2] Fuentes propias.
[3] Fuentes propias.

Página editada por Mónica Arzúa Domínguez.



Primer trabajo de investigación por Noelia Soage Dopazo (14/10/2013)

TELEVISIÓN Y PROGRAMACIÓN
En un contexto amplio, por televisión entenderemos la generación, procesado, almacenamiento y transmisión de imágenes, generalmente en movimiento, así como del sonido asociado a ellas y de otros datos o información adicional que puede ser independiente de la imagen y sonido, como puede ser un cuadro de teletexto, información alfanumérica o gráfica relativa a la programación, etc.
La incorporación de ordenadores en el entorno de la televisión y el desarrollo de Internet en los últimos años, abre un inmenso abanico de posibilidades futuras en que la televisión tradicional[1], pasa a formar sólo una parte de todo el conjunto de posibles servicios accesibles al consumidor y que se designan un tanto ambiguamente como multimedia.
En sus orígenes, el objetivo principal de la televisión fue la difusión de programas de entretenimiento, deportes y noticias por medios radioeléctricos y, posteriormente, a través de cable y satélite. Los estándares en uso para los sistemas analógicos de televisión, se produjeron en su mayoría hace más de cincuenta años, dando lugar a un desarrollo técnico continuo hasta nuestros días. Estos sistemas analógicos alcanzaron una gran madurez a lo largo de más de cinco décadas y fueron encontrando aplicación en una inmensa variedad de campos. Lo que inicialmente tuvo como propósito principal el entretenimiento, se ha convertido en una herramienta indispensable en numerosas actividades científicas, médicas, industriales y domésticas. (CASTILLO POMEDA, 2009, p. 98.).
"La televisión digital constituye una transformación mayor respecto al panorama televisivo anterior, y su trascendencia no sólo abarca el ámbito de este medio, sino, a través suyo, de todas las industrias culturales" (BUSTAMANTE, 2002, p. 138.). Es importante que esta idea llegue al usuario, que conozca las ventajas de los nuevos formatos digitales y que sepa aprovechar sus posibilidades tecnológicas. El desarrollo de servicios adaptados y competitivos es un elemento clave.
De acuerdo a la programación televisiva, esta variable es importante ya que no siempre se pudo programar a todas horas ni todos los días de igual manera. En concreto se puede decir que hasta mediados de los ochenta, las entonces únicas emisiones de las dos cadenas estatales no emitían más que una parte del día, sobre todo en los días laborables. Durante treinta años, la oferta televisiva del primer canal se limita a unas 5-10 horas diarias, 5 los días laborables, comenzando a mediodía, interrumpiéndose la emisión en la sobremesa e iniciándose por la tarde-noche, y 10 los fines de semana, por salvar la interrupción y programar desde media mañana. Durante veinte años, la oferta del segundo canal tampoco varía, con una programación exclusivamente nocturna en los días laborables que se torna vespertina en los festivos, según estudios comparables de parrilla.
A partir de la segunda mitad de los ochenta, la oferta de televisión española aumenta bruscamente, a lo que no es ajena en absoluto la ruptura del monopolio estatal. Y crece, obviamente, porque aparecen nuevos canales. Pero también aumenta porque el tiempo de emisión diario por todas las cadenas que emiten, incluidas las que se incorporan, comprende ya la mayor parte del día y de la noche. En los noventa, el tiempo de emisión diario comprende más de 120 horas, concretamente los primeros treinta años del primer canal. Demasiado tiempo para un día, demasiadas horas para ver la televisión.
Esta ampliación del horario de emisión, al margen de otras consideraciones, ha permitido además cierta reestructuración de las parrillas televisivas, en la medida en que se observan cambios en las formas de organizar la programación, aun cuando se mantienen los ciclos estacionales, semanales y diarios porque obviamente estos ciclos siguen organizando la vida cotidiana de las personas. En este sentido se puede decir que la programación varía con el cambio estacional; pero esas variaciones no conllevan cambios sustanciales en la oferta de programas. Más bien se funciona con una lógica de reprogramar en las distintas épocas del año, criterio que persiste en los cuarenta años de historia televisiva.
No sucede lo mismo con el ciclo semanal. Siempre, antes y ahora, se distingue claramente la programación de los fines de semana de la de los días laborables, pero estas diferencias se atenúan según avanza el tiempo. Además, el viernes tradicionalmente se asociaba a los días de diario en lo que a su programación se refiere, pero en la actualidad se caracteriza por una programación de fin de semana.
En cuanto a la programación diaria, obviamente sólo a partir de la ampliación del horario de emisión se puede hablar de esa diferenciación de la programación en función de los momentos de día. Pero además, la ampliación del horario de emisión permitió nuevas formas de reiterar los espacios televisivos. Anteriormente, el escaso tiempo de emisión disponible impedía o dificultaba la reiteración de los mismos espacios en una misma emisión. Se operaba, durante tres décadas pues, con una lógica de secuenciación horaria basada en la variedad y una repetición ya sea diaria o semanal del mismo tipo de espacio. A medida que se adelanta el horario de comienzo de las emisiones y se prolonga su cierre, no sólo se abre la posibilidad de distribuir a lo largo del horario de emisión los productos comunicativos ofertados al público que antes se ofrecían en unas franjas muy limitadas, sino que también se dispondrá de más tiempo de emisión con la posibilidad de programar los mismos u otros espacios similares en distintos momentos de la misma emisión, con lo que aparece un fenómeno de redundancia de contenidos o formatos que va a caracterizar desde entonces la programación televisiva de este país. Cabe añadir además que, como ese momento coincide con la aparición de otros canales, la adecuación de la oferta no sólo tomará en cuenta la disponibilidad de públicos en consonancia con sus costumbres cotidianas, sino también las preferencias de determinados públicos frente a otros. Por ello, también se puede hablar de una diferenciación según los canales de la programación que se ofrece en los distintos momentos del día.
Pero no sólo se observan cambios en las parrillas de programación por las variaciones en la ubicación de los distintos espacios televisivos, sino que, también cambia la naturaleza de esos espacios. En primer lugar se puede decir que aunque siempre han predominado los programas de entretenimiento sobre los de carácter informativo y formativo, como corresponde al modelo televisivo generalista, con la aparición en escena de los nuevos canales los espacios lúdicos aumentan todavía más, disminuyendo la presencia en las parrillas de los informativos y, sobre todo, de los formativos. Concretamente, según referencias, se puede decir que durante los primeros treinta años del primer canal, la proporción entre unos programas y otros es bastante equilibrada, aunque existen diferencias que benefician a los espacios lúdicos en detrimento de los formativos. Sin embargo, existen momentos de su historia en los que la funcionalidad varía, en el franquismo la función formativa se equipara con la información programada por este primer canal; mientras que en la transición son los espacios informativos los que más se programan en TVE-1, más incluso que los programas lúdicos. Por su parte, el segundo canal reproduce la característica de priorizar la función lúdica sobre las demás, pero programando más espacios formativos que informativos, siendo ésta la principal característica que diferencia desde sus comienzos hasta la actualidad a este canal frente a los demás. (Gloria Gómez-Escalonilla, Revista TELOS, 2009).
El concepto de "parrilla de programación" desaparece para dar paso al concepto de "edición", donde es el propio receptor el que organiza y plantea tanto los contenidos a los que desea acceder como la sucesión y orden en que quiere hacerlo. Es "la muerte de la televisión o si se prefiere del concepto de cadena" (ALVAREZ MONZONCILLO, 1997, p. 14.). Este hecho trastoca todo el planteamiento comunicativo anterior. La televisión a la carta “en realidad, se trata de un tipo avanzado de zapeo que sitúa al usuario frente a un panel interminable de canales y utilidades que le otorga la ilusión de una libertad infinita” (ARNANZ, 2002, p.62.). Si esto viene a ser exagerado en cuanto a las posibilidades actuales, es cierto que apunta a márgenes amplios de actuación por parte de una audiencia que hasta ahora había estado limitada a una situación de mero receptor pasivo.
El interés de la audiencia por la nueva oferta de contenidos “la convergencia tecnológica requiere un ritmo más pausado que el impuesto por las expectativas económicas [...], no es viable la convergencia sino se hace sobre la base de una oferta de contenidos y servicios sólida [...] la variable de más peso son los contenidos” (PRADO, 2003, p. 177.)

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA COMPLETA
Castillo Pomeda, Jose María. (2009). Televisión, realización y lenguaje audiovisual. Madrid: IORTV
Gloria Gómez-Escalonilla. (2009). Revista Telos
Álvarez Monzoncillo, José María. (1997). Imágenes de pago. Madrid: Fragua
Bustamante, Enrique. (2002). Comunicación y cultura en la era digital. Barcelona: Gedisa
Arnanz, Carlos. (2002). Negocios de televisión. Transformaciones del valor en el modelo digital. Barcelona: Gedisa
Prado, Emili. (2003). El anuario de la televisión. Madrid: Geca consultores

[1] Designamos aquí como televisión tradicional a la destinada a transmitir programas de entretenimiento, información, deportes, etc
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