LA FIDELIZACIÓN EN EL XABARÍN CLUB
por Antía Fernández



La fidelización, tanto vertical como horizontal, en programación para niños es algo difícil de encontrar, tanto por la poca diversidad de espectadores infantiles como por la escasa oferta de calidad que ofrecen tanto las generales como las temáticas, exceptuando los canales de pago.

Hubo una época, entre los 90 y los 2000, en dónde, inspirándose en los modelos estadounidenses, TV3 reinventó el modelo de programación infantil con programas contenedores como l Club Super 3, que contenía series y programas dirigidos a los niños en los cuales se presentaban concursos o actividades dirigidos a mantener a su audiencia fiel al canal (Feijóo, B. & García, A., 2014, p. 3). Conscientes del potencial del producto al satisfacer las necesidades de un público bastante abandonado, los demás canales, tanto autonómicos como estatales, introdujeron en la franja horaria que ellos consideraron más adecuada el mismo formato de programa, que se situaba entre la primera hora de la mañana hasta aproximadamente las 10, alargándose el fin de semana, en un intento de adecuarse al horario de la infancia y dejar espacio para contenidos que interesen a una audiencia más amplia (Vázquez Barrio, 2011, p. 41) . Contenedores como el Club Megatrix, en Antena 3 o Club Disney, en Telecinco, intentaban entretener a los niños españoles que no disponían de canales de pago en los que podrían disfrutar de 24 horas de animación y contenidos adecuados para su edad.

Aunque todos han sufrido más o menos la misma popularidad y siguiente decadencia, nos vamos a centrar en el contenedor infantil de la cadena autonómica gallega, la TVG, al ser el más conocido aquí y también el más famoso, llegando a los 40.000 socios. El Xabarín Club, tal y como indica su nombre, estaba presentado por un jabalí de animación que introducía las series con sus respectivos comentarios, concursos, canciones... Nada le faltaba al programa para cubrir las necesidades de ocio del 10% de población infantil gallega que se pegaba al televisor por las mañanas antes de ir al colegio y por las tardes, al acabar la jornada escolar (Maneiro, 2011, p. 164).

Aunque TVG ya disponía de un espacio breve a las 8 de la tarde entre semana junto con unos 15 min. los fin de semana, no es hasta el 94 cuando se plantean la idea de construír una programación especialmente dedicada a la infancia, con su propia franja horaria y actividades, siguiendo el modelo de los clubs infantiles que Estados Unidos ya había incorporado y que en España, TV3 era el pionero y según Vázquez Barrio (2011), la que más atención presta a este sector en general.

Poco a poco, la cadena autonómica fue sufriendo una transformación cultural: el gallego cobró más importancia y las producciones propias para el programa fueron rellenando la programación. Dado que la media de edad de los gallegos era bastante avanzada, y más aún si estudiábamos el público que más horas dedicaba al televisor, la programación se enfocaba hacia este sector, pero a partir de los 90, deciden diversificarse y buscar una audiencia mayor, dando importancia a los otros sectores de la sociedad que también eran espectadores potenciales, dice Salgado. El nacimiento de series como Mareas Vivas o Pratos combinados, se produjo en ese contexto y supuso la inclusión de este público y uno de los mayores éxitos de la cadena. Es en este momento dónde empiezan a darle más presencia a los programas dedicados para niños, con espacios vespertinos como Rapaces, Tarde Tania o Superamigos, estes últimos los más cercanos tanto en tiempo como en contenidos al programa que nos atiende, además de contar con una figura animada, un modo de acercar a los niños al programa (Feijóo, B. & García, A., 2014, p. 4).

En 1994, aparece el nuevo contenedor, dirigido también por una animación, con espacios entre serie y serie en dónde se combinaban las características de los anteriores espacios infantiles de la TVG. Con el cambio de dirección de la cadena, la TVG pronto comprende la importancia de una estrategia de fidelización y una regulación de sus emisiones, que se situaban, siguiendo fieles al horario que más niños concentraba en pantalla, todas las tardes de lunes a viernes y los sábados y domingos por las mañanas, añadiendo la primera hora del día de entre semana según el programa se iba popularizando (Feijóo, B. & García, A., 2014, p.4). Series como As bolas máxicas, Doraemon u Os picapedra quedarán en el recuerdo de miles de adultos que vivieron los principios, y por lo tanto, la época dorada del Xabarín. Pero estos no eran los únicos contenidos que servían como reclamo para los niños gallegos: concursos, canciones de grupos gallegos y portugueses, espacios especiales, etc., y finalmente una gira en dónde en animal protagonista, junto con los principales colaboradores musicales del programa, entro otros, recorrieron las calles de la comunidad, llevando al programa más allá de la pantalla.

Poco a poco, con la aparición de la TDT y por consiguiente, de la segunda cadena de TVG, los contenidos infantiles fueron desapareciendo de la programación de la cadena principal, primero por las tardes y después, tras la polémica que suscitó Shin Chan (serie de animación que no iba dirigida especialmente a la infancia pero que alcanzó uno de los mejores índices de audiencia, sobretodo en un público que nunca se sintió muy atraído a la televisión gallega, como eran los adolescentes), para que finalmente, en 2009, dejara paso a una programación más generalista, tal y como habían hecho las demás cadenas con su programación especializada (López, 2004, p. 61).


Con el paso de los años y la aparición de los canales temáticos en abierto, las grandes cadenas fueron liberándose del peso que les producía la programación infantil e incluso las grandes empresas de comunicación como Mediaset o la propia cadena pública (TVE) crearon sus propios canales infantiles en dónde satisfacer su demanda, pero sin más estrategia que la de juntar todas las series animadas y juveniles sin demasiado criterio: la única conexión que hay entre ellos son los espacios publicitarios. Lejos quedaron los presentadores estrafalarios o las animaciones hechas con cariño. El Xabarín se fue convirtiendo poco a poco en un espacio que colocar en parrilla sin más criterio que el de rellenar los huecos de la cadena secundaria, con una imagen casposa y descuidada, acorde con el canal que lo emite.
A pesar de la continua demanda de este tipo de programación, las cadenas privadas siempre han maltratado más los horarios e intereses de este público, dejando todo el trabajo a las públicas, cuya obligación es, por ley, atender a todos los españoles, sean más o menos rentables, aunque en estos últimos años han ido relegando la tarea de atención al menor a sus cadenas secundarias a favor de una programación que genere más espectadores.





BIBLIOGRAFÍA

LÓPEZ, X. (2004): Tres décadas da televisión en Galicia. Cronoloxía e posición perante o desafío dun novo modelo audiovisual . Consello da Cultura Galega, sección de comunicación.
MANEIRO, A. (2011): 25 anos de Televisión de Galicia. De 1985 a 2010. APG, Asociación de Periodistas de Galicia, Santiago de Compostela (edición online).
VÁZQUEZ, T. (2011): ¿Qué ven los niños en la televisión? Universitas D.L. Madrid.
FEIJÓO, B. & GARCÍA, A. (2014): La programación infantil en la TVG. ¿Quién es la audiencia?, Universidad de Vigo (edición online)